La vida plantea más respuestas que preguntas. De hecho, casi
todo lo que aprendemos, en casa y fuera de ella, ha llegado en forma de
contestación a inexistentes interrogantes. Por eso, tal vez, no estamos
acostumbrados a sentir curiosidad, a indagar los porqués, paraqués, cómos y
cuándos, etc. de lo que es y de lo que ocurre. En cambio, nos es bastante
natural aceptar que las cosas como se ven, quedarnos en el fenómeno, en la
superficie, etc.; peor aún, creer a ciegas, obedecer sin más…, llevar una
existencia casi sin sentido a veces.
A estas alturas de mi vida, aunque sea tarde, quiero hacer muchas
preguntas. Y proclamarlas, por si alguien puede darme respuesta. Si la tienen, claro,
porque supongo que bastantes respuestas no podrán pasar del silencio, del
mutismo ignorante o prudente. Así que voy a empezar a pedir explicación de
bastantes cosas. Hoy serán tres.
Una. El poner en contenedores distintos desechos y
basuras diferentes favorece el aprovechamiento y el reciclaje del vidrio, el
plástico, el papel, ahora también el aceite, etc. Son materias que no se
destruyen, sino que se transforman, como creía el filósofo. De ahí resulta un
beneficio, pero ¿para quién o quiénes? En primera instancia, para todos, porque
se ahorra materia prima. Pero, ¿no es a los dueños de las fábricas de botellas,
envases de plástico o cartón, etc., a los que en realidad se favorece? Creo que
sí, puesto que se elaboran los productos con materiales de segunda mano,
diríamos. Y ese beneficio -aquí reside el meollo de mi pregunta- , ¿cómo repercute, si es que repercute, en
el precio que paga el cliente por el litro de leche, la cerveza, los
cuadernos…? Por último, ¿en qué condiciones hacen llegar los ayuntamientos a
las industrias los cascos, cartones, aceites… recogidos en los contenedores?
¿Gratis?
Dos. Esta segunda
interrogación del ciclo y del año se parece mucho a la primera: ¿incide en el precio de la gasolina o
gasoil, haciendo que baje o que suba menos, la obligación de que el cliente sea
quien se sirva el combustible? La cuestión es pertinente, puesto que supone
la reducción de las plantillas de las gasolineras. Lo lógico y lo justo sería
que se compensara a quien va a repostar y tiene, él mismo, que manejar la
manguera, además de pagar el líquido.
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Tres. Acabamos de
comenzar un nuevo año, hoy es el tercer día de los 365 que faltan para llegar a
un nuevo final de tramo. Cena, campanadas, uvas, champán, ropa interior roja,
trajes de fiesta, cotillones… componen una noche dedicada al jolgorio y a la
fiesta, empapados de alcohol, risas, música, voces y pirotecnia barata. Y a mí
se me ocurre preguntar
qué es lo que se
celebra esa noche: ¿que acaba un año?, ¿y eso es motivo de alegría como
para armar una juerga, a veces carísima? ¿Que empieza otro año? ¡Y qué!
Entiendo que la diversión en forma de
banquete, baile o lo que sea, debe estar motivada por algún hecho que invite al
regocijo. Y no veo en la llamada Nochevieja nada que sea de tal naturaleza.
Sinceramente. Tampoco creo que sea un hito ni personal ni colectivo, como
el nacimiento de un hijo, el primer día en el trabajo, cumplir 18 años, el
final de la guerra… En estos días de Navidad, no hay para mí otro
acontecimiento digno de celebración más que el haber enganchado algún premio
sustancioso en las loterías, si es que se ha tenido esa suerte.
Continuará