miércoles, 28 de noviembre de 2012

NO CONDENARÉ YO LA INCOHERENCIA


               La incoherencia es un rasgo de la condición humana, si no un requisito, un recurso de supervivencia. La contradicción, la faz cambiante, la convivencia en la misma mente de principios e ideas generadores de conductas opuestas, los impulsos encontrados…

               Hace unos años se celebró la designación   -no sé si es esta la palabra apropiada-  del Cristo de la Salud y de las Aguas como Patrón de Antequera, la ciudad donde vivo.  Con tal ocasión, el alcalde, socialista, publicó un bando en el que informaba a los ciudadanos del hecho y los animaba vivamente a que acudieran al acto, que tendría lugar en la iglesia tal, el día tal. Me chocó tal iniciativa, teniendo en cuenta no solo la aconfesionalidad del PSOE, sino la… distancia, el… poco apego  -llamemos así a su actitud-  que se cuida en mostrar respecto a la Iglesia Católica y que no ha cesado a día de hoy, según es notorio. A los pocos días del bando, me encontré por la calle con un militante socialista, amigo mío, al que yo creía fuertemente enemistado   -denominemos así su posición-  con la cúpula local del partido. Vi en ello oportunidad para manifestarle sin traba mi extrañeza y, de camino, echar leña al fuego, chinchar cariñosamente y tirarle de la lengua. Pero, cuál fue mi sorpresa: no solo no anduvo por donde yo esperaba, y aun deseaba, sino que respaldó el bando y defendió a su conmilitón: “La gente… ¿qué es lo que quiere? Eso, ¿no? Cristos, procesiones… Pues se le da y ya está”.  Así lo respaldó. O sea, pragmatismo total, utilitarismo político puro. Y contradicción flagrante. Tan evidente como cuando llegaba la Semana Santa y el concejal socialista de guardia figuraba en la presidencia   -no sé si se llama así-  del cortejo procesional; o como cuando por Navidad se montaba un “Belén Municipal”. (Ahora también acompañan ediles a los pasos y edifican belenes, pero el consistorio es del PP.)

http://es.wikipedia.org/wiki/Belenismo
               A mi amigo sociata le perdoné la incongruencia, el hacer compatibles ateísmo   -¿o debería decir anticlericalismo?-  declarado y apoyo y aliento a la fe popular (no me agradó mucho, sin embargo, ese tic, tan propio de los de su gremio, de contentar al pueblo, que/para que/porque los vota). Lo absolví  por ser yo de los que piensan como he expuesto en la cabecera de este escrito. Creo que, en muchas ocasiones, la realidad se impone, hay que vivir y la vida no va en sentido rectilíneo siempre, sino que zigzaguea, retrocede, volvemos a gobernarla y se recupera la senda, luego se nos escapa de nuestro ideario otra vez, etc. En el caso concreto de la religión, no sé si se puede esperar que los españoles rompamos de un día para otro con una tradición, unas costumbres, una inercia que tiñe de catolicismo algunos de nuestros comportamientos y modos de ver y vivir las cosas más afianzados. Se necesita mucho tiempo, un período de transición largo, para pasar de la fe al descreimiento, tanto en el plano individual como colectivo e incluso institucional; una fase, presidida por la comprensión, la tolerancia, en la que convivan lo negro y lo blanco, el agua y el aceite, el sí y el no…, al menos en asuntos cotidianos. Por ejemplo, si yo fuera director de una escuela, no se me ocurriría quitar los crucifijos de las aulas, al menos de momento. A no ser que, como han pretendido algunos, lo que quisiera fuera provocar. Soportaría y sería condescendiente con la presencia, si se quiere sentimental, de la imagen en unos colegios oficialmente laicos. 

               Perdono estas incoherencias porque me parece que son, como digo, consecuencia de nuestro ser, tan imperfecto, tan mixto de cerebro y corazón, tan riguroso unas veces como asistemático otras. Se comprenderá que prevenga yo del daño que nos puede hacer, a veces, a las personas un exceso de coherencia.

               Naturalmente, hay manifestaciones y actuaciones que no  pertenecen a este territorio del que hablo, sino al de la sucia mentira, la falsedad, el disfraz, la triquiñuela y el engaño malintencionados, interesados, que tan queridos son por la clase política, entre otras. Son algo muy distinto y hasta ellos no llega mi capacidad de indulto.


sábado, 13 de octubre de 2012

"...ATMÓSFERA INFECTA, ARTERAMENTE PERFUMADA"




PUBLICIDAD / CARTEL ADSL MOVISTAR
REDES SOCIALES « M A R Q U I
Añadir leyenda
               Soy de los que temen a la publicidad, la condenan, la odian. Sobre todo porque es el emblema del juego sucio, que en la comunicación se llama mentira, engaño. Trata de convencerme de que necesito una moto o un microondas que no necesito, insiste hasta el infinito para cambiar mi opinión. Luego me señala, arbitrariamente, qué moto es la mejor o qué microondas es el que adquiere quien de verdad entiende. Y luego me lleva a quitarle importancia al precio. Finalmente, me deja tirado en la calle con mi moto, mi microondas…, “como un gilipollas” igual que Krahe, sin saber qué hacer con ellos, y sin mi dinero. Y sin tener para gasolina ni para electricidad. Pero lo peor no es eso, sino el hecho cierto de que el pago de su réproba faena se efectúa a mi costa, a través del precio de los productos, tanto más incrementado aquel cuanto más publicitados estos. La publicidad es una rata que te come las entrañas, te vacia de ti mismo, te posee. Para eso nació y para eso vive.
               El público se halla inerme, a su merced; la publicidad siempre lo sobrepasa y domina, porque viene ella bien pertrechada. El acto publicitario está diseñado con extrema exactitud, sin conceder margen al error, que significaría el fracaso. La campaña publicitaria se te aproxima con el perverso y estudiado sigilo de una serpiente, que te anuda con la fuerza y la maleabilidad de su helado cuerpo hasta asfixiarte.
               La publicidad guerrea, como mercenario, bajo cualquier bandera que la reclame para la conquista del mercado; como predicador a sueldo, sin ideología ni credo, promete cualquier pedregal que esté dispuesto a revestirse de paraíso. La publicidad se expande cual  atmósfera infecta, arteramente perfumada. El spot sale de un sepulcro blanqueado.
               Maldad intensificada por sabiduría sin honra: los dos adornos macabros del espíritu publicitario. La publicidad es un conocimiento y una técnica que, pese a todo / como no podía ser de otra manera, ¡se adquieren en la universidad, en el supuesto santuario de la ciencia y el saber! Pobre comprador, no titulado en facultad alguna, casi analfabeto, ingenuo del todo. Y más pobre aún por cuanto precisa el producto, no puede zafarse del objeto que cubre su necesidad real; y porque todo lo vendible es publicitable y publicitado  -falseado-  ab ovo

domingo, 2 de septiembre de 2012

A 5€ LA NOCHE

               No son pocos los participantes en la feria, me refiero a la de mi pueblo, a los cuales les sale increíblemente económica la celebración: hay quienes no gastan más de 5 euros por noche. ¿Cómo es eso posible? Tal como me lo han explicado algunos de los propios protagonistas lo voy a exponer. Una aclaración previa: se trata de gente joven, muchos adolescentes, sin gran interés por los cacharritos, con pocos cuartos y/o con pocas ganas de perderlos de vista. Empiezo.
     Primero: reúne una cantidad o bolsa común la peña de amigos/as, con la aportación de 4 o 5 pápiros por barba (exista o no pelamen en la cara).
     Segundo: se acuerda el volumen de bebida y picoteo necesario, según el número de componentes y el de horas de trinque. Hay que hacer bien el cálculo para no pasarse ni quedarse corto. Suponiendo que el grupo sea de seis, lo mínimo son dos botellas de ron, whisky ( a una media de 7 euros la botella), ginebra y/o vodka (unos 4 euros);  tres de Fanta, Trina, CocaCola o similar, de dos litros (entre 1,5 y 2 euros la unidad), y unas cuantas bolsas de chucherías saladas para masticar algo (palomitas, snacks, garfitos, cheetos, sticks, conos, rejillas, cuquis, doritos, etc.), a 1 euro por paquete, más o menos; vasos de usar y tirar (1,5  euros). Total: no más de 25 euros. Así que aún sobran 5 para imprevistos.
     Tercero: se acude a un supermercado, por ejemplo al Mercadona del barrio (ya casi puede llamarse así). Si ninguno de los colegas ha alcanzado aún la mayoría de edad, hay que conseguir a alguien externo que efectúe la compra del alcohol: un hermano/-a o primo/-a “competentes”, el cuñado de un pandillero, uno que jugaba con ellos al San Andreas…, o bien el que daré en llamar “comprador de alquiler” (siempre hay algún aspirante a serlo rondando por la puerta del súper), que cobra en especies (un cubata, mínimo, al terminar el servicio o luego, en los parajes del botellón).
     Cuarto: cada uno se marcha a su casa para apiparse bien con una cena pantagruélica, que aporte al estómago base sólida y duradera hasta la madrugada. Las botellas, que se han repartido convenientemente, están todo este tiempo en el congelador de los frigos caseros.


http://www.2camels.com/abril-feria.php

     Quinto: a la hora acordada, se reúnen las pandillas en sitios como el Llano,  ubicación habitual del botellón de los sábados, o el Mapa, más de diario. Allí se toman posiciones, se sacan los móviles para la música de fondo y se charla hasta que llegue el momento del consumo etílico. Las parejitas que pueda haber en cada grupo ponen a calentar el cocido, a fuego lento, claro; algunas quizás se formen sobre la marcha.
     Sexto: sobre las 2 de la mañana, se saca el material y se llenan los vasos. Empieza la priva. Sin prisa, se pasa a los segundos y siguientes pelotazos, hasta que se termina el líquido y/o se notan ya aturdidas las mentes por efecto de la humera.
     Séptimo:  una vez alcanzado el puntito (mejor, el puntazo), el colectivo formado por todos los hasta ahora habitantes del Mapa y del Llano empieza a desplazarse hacia el Real de la Feria. Cada peña enfila para la caseta de su gusto, donde pasará las siguientes tres o cuatro horas de música y bailoteo, cachondeo y juerga, y lo demás que caiga. No consumirán nada, porque ya vienen con todo el alcohol de la noche puesto.
     Octavo: con la primera luz del día, vuelven al casco urbano, pesadamente, fatigosamente. Si queda algo de guita o los niños encuentran unas monedas viudas en el bolsillo, se mercan unos churros para desayunar.
               La baratísima noche de feria llega así a su fin. El personal al que me refiero lo ha pasado aceptablemente bien. Ha habido de todo: comida, amigos, alcohol, música, baile y…  más cosas tal vez. ¡No se puede pedir más por menos!
               Las casetas, una parte de las cuales son benéficas (de cofradías, por ejemplo), han estado muy concurridas y animadas, pero el aspecto de las cajas registradoras o de los simples cajoncillos del dinero, obviamente a medio llenar casi todos, es un tanto desolador.  “Hay que buscarse la vida” son las palabras con las que concluye, interpreta y se justifica uno de mis informantes.

domingo, 12 de agosto de 2012

TORERO DE ESPALDAS (POR NO DECIR DE CULO)



               Tengo un amigo que, siempre que se tercia, suele exponer una teoría bastante singular. Al menos así la interpreto yo. Es de orden erótico y habla de la atención, el “interés” que despierta la vista de determinadas partes del cuerpo, por encima de otras. No se trata de un “sí” y un “no” rotundos, de un 10 y un cero, sino de una escala en la que sitúan la zonas corporales, próximas o lejanas a los extremos de máxima relevancia o de insignificancia total.
               Parte, como es de esperar, de la distinción entre el físico masculino y el femenino, aunque parece centrarse más en este. Aporta también una visión histórica y tiene en cuenta las diferencias culturales. Es muy completo, como se ve, su análisis, aunque la red conceptual que lo nutre sea simple y no se base en doctas investigaciones; él argumenta acudiendo tan solo a la experiencia y a la observación, entiéndase, a su experiencia y a su observación, ambas limitadas, claro está. 
               Afirma, por ejemplo, que los hombres españoles y los europeos en general siempre nos hemos complacido más en la contemplación y la caricia visual de lugares bastante “dignos” (sic), como la cara (en particular, los ojos y la boca), así como el pelo, las manos, la parte descubierta de las piernas… Del ámbito velado o protegido por la ropa, destacan las caderas, pero el puesto primero lo ocupa el pecho, verdadero símbolo y emblema de la mujer, mujer-madre y mujer-hembra. El pecho, cree mi colega, excita el deseo y colma gran parte de las aspiraciones de posesión. Para ilustrar sus asertos, comprueba cómo “antiguamente” (¿?) las féminas llevaban el vestido largo hasta los pies, pero muy abierto y despejado el escote, que dejaba ver la mitad o más del órgano propiamente dicho. “Por algo sería”, se adorna el sociólogo aficionado.
               Está convencido de que, por el contrario, en nuestro entorno no ha sido costumbre dar como parte privilegiada el trasero. Su encumbramiento, que se extiende ya por el continente europeo, ha de considerarse importado. Viene de los Estados Unidos, país con un pasado menos refinado y un espíritu menos culto y sensible; también en Latinoamérica gustan las mujeres de ceñirse indecorosamente las “pompas” y los hombres de celebrarlas. En este punto, recuerda mi amigo que los animales se reconocen e inician el acercamiento erótico oliéndose por detrás, digámoslo así.  Únicamente una tradición y una mentalidad como las aludidas explican que la actriz y cantante americana (de origen portorriqueño) Jennifer López  tenga aseguradas sus nalgas en una pimporrada de dólares.
               Suele citar mi fraternal experto un hecho, para él de mal gusto, del mal gusto que se va imponiendo también por aquí. En una noticia que leyó no hace mucho en un periódico, se decía que madrileñas jóvenes, no muy aficionadas al balompié, se dan tortas por conseguir entradas para el Bernabéu, de las localidades de detrás de las porterías. ¿Para qué? Para poder verle el culo a Casillas (complacerse en él y adorarlo…), al menos durante medio tiempo del partido.
               Yo no entro ni salgo en las generalizaciones de mi amigo, el sexosociólogo de andar por casa. No entiendo mucho, la verdad. Pero estoy a la espera de que, cuando se pase por mi ciudad los días de feria, se tope con el cartel de las corridas de toros que este año luce en las calles. Como podéis ver, representa un torero haciendo el paseíllo, fotografiado o pintado por detrás, de modo que aparece, y aun destaca por contraste de color y otros recursos, el trasero. Supongo que mi amigo montará en cólera o caerá en profunda depresión, al comprobar que la colonización de nuestras tendencias y criterios estético-eróticos más genuinos se ha consumado, acercándonos, también en esto, a la barbarie. ¿Para qué ha quedado, se lamentará, aquello de “donde la espalda pierde su honesto nombre”?
               Sea cual sea su reacción, y al margen de lo sexual, yo comprenderé que le parezca un cartel insólito, chocante, irreverente. No creo que existan muchos posters de toros con un diestro dándole, estático, al público la espalda, por no decir el culo; tal vez, algunos haya en que la imagen proceda de congelar un lance de la corrida. El de esta feria representa, sin duda, una innovación atrevida, muy atrevida, en el seno de un mundo, como el taurino, tan conservador en todos los aspectos. 

domingo, 29 de julio de 2012

CINCO IDEAS SOBRE EL ABORTO


               Me resulta muy difícil adoptar una postura clara respecto al aborto. Imagino que igual que a otros que, como yo, se atienen a criterios de carácter ético, intentando además no simplificar demasiado el problema. Estos días ha vuelto a surgir la discusión en la prensa, a raíz de unas declaraciones del ministro de Justicia referentes a la próxima modificación de la legislación sobre el asunto.
               En síntesis, el cambio afectará a la sustitución de los “plazos” por los “casos” o “supuestos” como razón legal para el aborto. Es decir, que, si según la norma vigente (desde 2010) una mujer puede interrumpir su embarazo hasta las 14 semanas sin aducir motivo alguno,  a partir de la reforma tal intervención no será posible  -entiéndase, legal-  si no se da alguna situación que la aconseje o justifique, o sea, si no concurre algún “supuesto”. Esta era también la fórmula anterior al cambio legislativo de 2010. Se contemplaban tres “supuestos”: violación, malformación del feto, consecuencias físicas o psíquicas para la madre. El señor ministro se propone entrar también en este punto y suprimir del ámbito de lo permitido las malformaciones del no nacido, incluso las de carácter grave. Por último, desaparecerá el aborto de jóvenes menores de 18 años sin el consentimiento paterno, que actualmente se admite.
               Las reacciones han caminado por senderos diferentes, según el credo político y ético de sus agentes. Desde quienes piden más “recortes” a una ley claramente inmoral, que desearían ver simplemente anulada, hasta los que acusan al gobierno actual de ser más reaccionario que aquel de Aznar, de retroceder más de 30 años y alejarse hacia atrás de Europa, de desposeer a las mujeres de la libertad para decidir acerca de “lo” que hay dentro de su cuerpo.

               Como dije al principio, me resulta bastante difícil adoptar una posición nítida, rotunda, definitiva, en medio de visiones tan encontradas, de argumentaciones tan irreconciliables (independientemente  de su varia y desigual fundamentación), evitando atacar los intereses y los derechos de los implicados en el acto del aborto, la madre y el hijo. Voy a tratar de esquematizar las cuatro o cinco ideas a las que hasta ahora suelo acudir para intentar situarme en tan espinoso territorio:
     1. El aborto, llámese como se llame eufemísticamente, equivale a poner fin a la vida de una persona humana, por corta que sea esa vida y pese a suceder en el interior de su madre. En general, el dar muerte a un semejante se considera asesinato en el código penal. Esto es así siempre en muchos países como el nuestro; tan solo se dan excepciones en ciertos “supuestos” (dejando al margen por el momento el aborto): la defensa propia ordinaria, la persecución de delincuentes especialmente peligrosos y la guerra. En el tema que trato, la eliminación de una persona no nacida, si llega a aceptarse como legal, creo que debería ser también bajo determinados “supuestos”, según ciertas condiciones.  Cuáles sean esos “supuestos” lo ha de determinar la sociedad por consenso o por mayoría muy amplia, después de una serena discusión, de la que no estén ausentes especialistas de diversas ramas.
     2. Para mí, aunque de manera bastante provisional, constituirían casos claros la violación y el embarazo de una mujer mentalmente disminuida; el daño grave para la madre, de carácter físico; la malformación grave del niño, imposible de remediar antes y después del nacimiento. Quiero aclarar un punto: deberían definirse con la máxima claridad el segundo y tercer “supuestos”, de modo que no se conviertan (como ha sucedido) en un coladero de amplio diámetro.
     3.  El aborto no es un derecho, sino una acción médica que se realiza para preservar un bien mayor.
     4. Las mujeres, solo por el hecho de estar embarazadas, no adquieren la capacidad plena de tomar decisiones sobre el no nacido. Aunque pueda parecer duro, soy de la opinión de que, si una mujer no tuvo la madurez (voluntad, fortaleza, formación, control de sí misma, etc.), antes de concebir, suficiente como para decir “no ahora” o “no así” o “no contigo”, tampoco la tendrá al mes o dos meses para decidir la eliminación del fruto germinado en su vientre como consecuencia de ello. Si antes no pudo disponer sobre sí misma, ¿cómo va a poder disponer después sobre la vida de otro con total garantía?
     5.  La mayoría de edad, que vale en nuestro país y otros semejantes para permitir y prohibir tantas cosas, debería también regir en el caso del aborto, como una condición indispensable para empezar a considerar la posibilidad de practicarlo; así, en el caso de menores, se ha de requerir el permiso paterno.

               Sinceramente, esto es lo que creo. Veremos cómo termina la propuesta esbozada por Gallardón. De momento ha despertado la polémica y seguro que habrá movilizaciones. Cosa normal, ya que se trata de uno de los puntos calientes de controversia política y ética, y el posicionamiento respecto a él aparece como uno de los signos más ostensibles y fuertes de la ideología que cada uno posee y/o quiere exhibir. Lo único que pido es sosiego y honradez en el debate, que ya ha comenzado y que desembocará en una norma escrita.

martes, 26 de junio de 2012

ALIENACIÓN Y ALINEAMIENTO EN POLÍTICA


               En mis tiempos (que quiere decir: cuando yo era joven), tenía mucho predicamento el verbo “alienar”, sobre todo formando parte de la perífrasis “estar alienado”. Procedía de una simplificación de la noción marxista de “alienación”. Si no recuerdo mal, se usaba para afear a alguien su adscripción acrítica a una forma de pensar o de comportarse solo por ser socialmente prestigiosa o estar de moda. Se decía de quienes carecían de ideas propias y se manejaban con conceptos ajenos, provenientes de instituciones o grupos sociales de gran empuje, aunque no siempre de igual sustancia. Hoy no se emplea apenas la expresión, lo que no significa que haya desaparecido la condición de alienado.
               En el terreno de la política, un alienado es aquel que, perteneciente o no a un partido, admite la prédica de este con los ojos cerrados y aun defiende públicamente su discurso, por encima de todo y en cualquier circunstancia, con argumentos servidos por la propia organización. No posee más verdad ni más proyecto que los del partido, en el mejor de los casos porque cree en él a pies juntillas. Jamás acepta un error de gestión, puesto que toda medida, piensa, incluso pareciendo equivocada, tiene su explicación. El alienado es un forofo, un seguidor incansable, un hooligan pacífico (casi siempre), etc., y una pieza apetecida por los dirigentes políticos. Para él, todos los que no piensan como los suyos están equivocados y actúan de mala fe. El alienado político es incapaz de la más mínima objetividad, porque su visión está mediatizada. En su cabeza no hay resquicio para el análisis personal, porque su mente está “ocupada”; allí no existe nada que no sea “lo que dice/diga el partido”. El alienado está vacío de sí mismo y lleno de otro.
               Estamos hablando de alienación política, pero lo mismo que podríamos tratar de cualquier tipo de ofuscación, motivado por la entrega o cesión del propio discurrir a una autoridad, tan discutible (aunque indiscutida), llena de carencias y contradicciones como todo lo humano. 
               Algunos establecen un paralelismo entre la confianza extrema del alienado en su mentor y la fe del creyente religioso. El supuesto parecido se basa en que, en ambos casos, el fundamento del vasallaje mental resulta gratuito, responde a un proceso de adscripción a ciegas, falto de argumentos racionales; no están convencidos, sino deslumbrados, como San Pablo, al que una luz tiró del caballo. En cierto modo, esa proximidad es real y sucede, según creo, porque el alienado político se apunta a una organización partidista como si ingresara en una secta o iglesia, y toma sus principios por dogmas y sus programas por catecismos. Se da en él una confusión entre política y religión en el sentido expuesto.
                No es difícil ver, por otra parte, el punto de unión, o de contacto al menos, entre los términos “alienación” y “alineamiento”, que menciona el título. El origen y la naturaleza semántica de uno y otro vocablo son distintos: mientras “alienar” procede del latín “alius”, que significa ‘otro’ (y está en la base de “enajenar”, “ajeno”, etc.), el verbo “alinear” viene de “linea”, español “línea”, que, entre otros, tiene el sentido de ‘dirección, tendencia, orientación o estilo de un arte o saber cualquiera” (DRAE). Con lo que “alinearse” indica “vincularse a una tendencia política, ideológica, etc.” (DRAE). En relación con lo que vengo diciendo, queda claro como el agua que el alienado político se alinea permanentemente, de por vida, con el partido de sus amores, del que ni sale ni quiere salir. Volviendo a la alusión religiosa, es como el que ha recibido un bautismo y con él una señal indeleble, eterna, de modo que la renuncia o la negación equivaldría a una apostasía vergonzosa y cobarde.
               ¿No es legítimo que cualquier ciudadano, en el ejercicio de su libertad, se dé de alta para siempre en la organización que más le guste? Por supuesto que sí. Pero en este caso, como en otros, la legitimidad no es un valor, sino un supuesto, una condición. Eso por un lado, y por otro, en muchas ocasiones la formalización del ingreso acerca el riesgo de alienación, de la que sitúa a un paso al sujeto.
               Prefiero la distancia, mental y material, que permite el juicio, la crítica, la denuncia, la disidencia, el cambio de acera incluso. Me gusta, en esto, la relación esporádica, temporal y efímera, más que el casorio. Hay ya mucha gente, en España y sobre todo en países con más tradición y cultura democráticas, que en el instante de emitir su voto o cuando participa en discusiones se atiene a los hechos y no a las doctrinas, o sea, respalda a la formación política que le ha demostrado, con su gestión, que puede confiar en ella para mejorar la vida colectiva e individual, aunque esa formación sea de signo ideológico distinto e incluso opuesto a la que votó anteriormente. “Cambiarse de chaqueta”, que es como llamamos aquí a tal proceder, igualándolo a la del apóstata, debería ya dejar sus connotaciones negativas, al hablar del elector. Sería un signo de madurez ciudadana, estoy seguro.

Post scriptum: A quien he puesto de vuelta y media en este modesto análisis es al alienado político, un tipo muy diferente del bribón político, del aprovechado o “convenío”, del que aplaude servilmente a quien le da de comer y le satisface sus caprichos. Ese no será nunca un alienado, ni tampoco lo contrario, sencillamente porque no tiene ni alma ni cerebro, sino solo estómago y cartera. 

sábado, 16 de junio de 2012

EL QUE PAGA, MANDA


               Este es uno de los principios que, en mis cortas luces económicas, veo que está en la base del proceso de crisis que llevamos (a cuestas). Países como España han recibido dinero, mucho dinero, en calidad de préstamo, de una serie de entidades de esas que se cobijan bajo la capa denominativa de “mercados” o “inversores”. Son los que han puesto la pasta y pertenecen a la especie de los que pagan.

               Y a la de los que mandan. Determinan el plazo de devolución y el interés. Lo que es lo mismo que decir que deciden sobre la vida entera del país receptor de empréstitos, pues todo gira en torno a la economía. Mientras más debe un país, menos manda y más ha de someterse a la imposición de los que mandan. Menos autonomía tiene, más soberanía cede. Puede llegar el caso de cesión total, o sea, de que un país como España ya no pertenezca a España, sino a los prestamistas, sean quienes sean. Grecia está a punto de pasar a manos extranjeras, que harán todo lo que sea menester para cobrar los miles de millones de euros que los helenos les deben. Acabo de escuchar la noticia de que a partir de julio no podrán cobrar allí los pensionistas. No sé si es augurio cierto o tan solo una posibilidad entre otras. Pero estoy seguro de que, si se hacen con la nación inversores foráneos, estos no dudarán ni un minuto en aplicar medidas como esa, o incluso peores, para resarcirse cuanto antes. ¿Que se deja a la mitad de la población en la más extrema y sangrante miseria? ¡Qué más les da! Esa población no les duele más que su billetera o su cuenta corriente. 

http://www.contrainfo.com/wp-content/uploads/2012/06/banquero.jpg

               Todo esto es una verdad de Perogrullo. No obstante me sirve para entrar en el factor que más inquietud me produce. Si quien paga manda, entonces el que no paga, sino que pide, no manda. En ambos casos, en proporción directa. Puede no mandar el endeudado, según dije antes, hasta el punto de no mandar nada, porque ni el parlamento, ni el gobierno ni el país se pertenecen, son de otros. Atisbo un principio y una amenaza de destrucción de la democracia. Los parlamentarios y los gobiernos elegidos por los ciudadanos pierden su capacidad para ejercer el poder que supuestamente se les otorga, ya que dicho poder se ha trasladaría de lugar: no residiría en la nación soberana, sino en los despachos de los inversores, a los que nadie ha elegido. Aquí hay una dictadura incipiente, que puede crecer y decidir, por ejemplo, la supresión de los órganos legislativos (y, en general, todo el orden democrático), con cualquier excusa banal, como la necesidad imperiosa de economizar. La democracia sería tachada de “lujo” que no se puede permitir en situación de suma precariedad, es decir, cuando se debe hasta la camisa. Otra posibilidad, que no me atrevo a negar que ya se esté produciendo, es la de gobiernos pelele, al servicio de los que pagan. Es el mismo perro, pero con distinto collar.

               Repito mi ignorancia en materia económica. De la cual deduzco dos incógnitas, con las que voy a terminar: a) ya que el origen del actual estado de cosas es, al parecer, el excesivo endeudamiento de los gobiernos y de los particulares (me recuerda aquello de Carlos V y los banqueros, que estudié en Preu), me pregunto si es un error garrafal vivir a base de sablazos y por encima de las propias posibilidades, o si es que las cosas no pueden ser de otra manera, supuesto que las empresas funcionan solo a base de créditos y que nada es posible si no “fluye el dinero”, que emana de las entidades financieras (y que hace imprescindible la refinanciación de estas cuando están a un instante de quebrar, como es el caso de esa operación de 100.000 millones prestados a la banca española); b) no sé cómo se sale de este callejón, en el que, según escucho e interpreto en artículos y comentarios de prensa más o menos especializados, tires para donde tires, siempre te coge el toro.

               Me temo que vamos para atrás, como los cangrejos, y que la pobreza nos puede convertir en esclavos.



Entrada destacada