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jueves, 5 de mayo de 2011

¿QUÉ PASA?


          Una y otra vez se repite desde hace un tiempo que la ciudadanía española está dormida, aletargada. Que ni la más escandalosa corrupción, perfectamente documentada, ni el paro que crece hasta cifras increíbles, ni la crisis que cierra comercios y empresas a puñados, ni las falsas promesas de autoridades y dirigentes…, nada, nada, nada mueve a la población a echarse a la calle y vociferar hasta perder la garganta, al menos para tomar conciencia conjunta, solidaria, pública, de que la situación, si continúa, nos puede llevar al infierno. ¿Qué pasa?
          
          Casi la mitad de los jóvenes no trabajan porque no pueden y andan de aquí para allá, viendo cómo el futuro, su futuro, ni llegarán ni a tocarlo con las puntas de sus dedos. No tienen nada que perder, pero no chillan colectivamente ni aunque les quemen el  rabo. Ellos son el mañana del país, mañana que poco a poco se está convirtiendo, hoy a hoy, en un papel sin escritura, completamente en blanco. ¿Qué pasa?
               
          Los cabecillas, los líderes son imprescindibles. Pero no hay o no se muestran. Y, en su ausencia, el pueblo no se arracima, es una mera concurrencia de individuos que ni se conocen ni se importan. Por mucho que los igualen su calamidad, su  perdición, su dolor. ¿Qué pasa?
          Tengo un par de palabras tal vez útiles para una explicación. Una es “impotencia”. La gente tiene la sensación de que nada de lo que haga va a servir. Incluso les puede perjudicar. Los que mandan, en cualquier sector y nivel, controlan tanto y tan bien, que no dejan rendija por la que meter la queja, la reivindicación, la amenaza…, de modo que den en el blanco. No hay ya nada verdaderamente efectivo. La bota del de arriba pisa el cuello del de abajo y, cada vez que éste intenta un leve movimiento de liberación, tiene la sensación de que no consigue sino hacerse más daño. El último pisotón, tremendo, ha sido la decisión del que  llaman ya algunos Tribunal Prostitucional. 
          
          Da la impresión de que nos sentimos condenados a muerte, sin posibilidad de apelación. Ni fe queda en el milagro siquiera. Andamos con la cabeza gacha, esperando que el verdugo nos vista pronto la capucha y esto acabe de una vez. “Resignación”, esa es la segunda palabra. 

sábado, 30 de abril de 2011

VAMOS A SUPONER...

         Vamos a suponer que, como suele ser frecuente en los blogs, elijo una noticia y la traigo aquí para comentarla, citando la fuente, según es norma. Y vamos a suponer que la fuente es el periódico La Gaceta. ¿Qué ocurriría? Estoy seguro, segurísimo, de que muchos de mis visitantes abandonarían en ese instante la lectura y para siempre jamás el blog, espantados como si hubieran visto al diablo, temerosos de contraer alguna grave enfermedad ideológica por simple contagio o mera aproximación. Correrían a mover el cursor hacia la “x” de cerrar, mirando hacia todos lados por si alguien los había estado observando.

http://kiosko.net/es/
   
          Es una suposición, recuerdo. Vamos a hacer otra: imaginemos que el diario de donde he sacado la noticia es El País. De no diferente manera se comportaría otro buen puñado de lectores de esta modesta página y por las mismas razones, aunque de signo opuesto (tal vez no fueran tantos, pues se agolpan más españoles en una acera que en la contraria).  

          Bueno, pero esto…  ¿qué es lo que es?, digo como decimos en mi tierra, cuando preguntamos con cara de asombro.

          Ocurre, más o menos, como antes sucedía en los pueblos pequeños, donde la mayoría de habitantes eran personas de escasa cultura y preparación, dominadas por prejuicios y caciques: no podían tus hijos juntarse con los de… porque…, no podías entrar en ciertas casas porque…, no podías vestirte de determinada manera porque…, no podías contestarle a Don… porque…, no podías faltar a misa porque…, no podías decir que… porque…, no podías leer o escuchar… porque… ¿Por qué? ¡Porque estabas perdido! Y, por lo tanto, asustado.

          De donde se deduce que, si algún día yo no nombro el periódico en el que he encontrado el titular comentado en mi blog, ya podéis imaginar el motivo. Lo mismo pensaré de todos los autores que se comporten así. 

          Hemos hecho un pan como unas tortas.

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