Me resulta muy difícil adoptar una postura clara respecto al
aborto. Imagino que igual que a otros que, como yo, se atienen a criterios de
carácter ético, intentando además no simplificar demasiado el problema. Estos
días ha vuelto a surgir la discusión en la prensa, a raíz de unas declaraciones
del ministro de Justicia referentes a la próxima modificación de la legislación
sobre el asunto.
En síntesis, el cambio afectará a la sustitución de los
“plazos” por los “casos” o “supuestos” como razón legal para el aborto. Es
decir, que, si según la norma vigente (desde 2010) una mujer puede interrumpir
su embarazo hasta las 14 semanas sin aducir motivo alguno, a partir de la reforma tal intervención no
será posible -entiéndase, legal- si no se da alguna situación que la aconseje
o justifique, o sea, si no concurre algún “supuesto”. Esta era también la fórmula
anterior al cambio legislativo de 2010. Se contemplaban tres “supuestos”:
violación, malformación del feto, consecuencias físicas o psíquicas para la
madre. El señor ministro se propone entrar también en este punto y suprimir del
ámbito de lo permitido las malformaciones del no nacido, incluso las de
carácter grave. Por último, desaparecerá el aborto de jóvenes menores de 18
años sin el consentimiento paterno, que actualmente se admite.
Las reacciones han caminado por senderos diferentes, según
el credo político y ético de sus agentes. Desde quienes piden más “recortes” a
una ley claramente inmoral, que desearían ver simplemente anulada, hasta los
que acusan al gobierno actual de ser más reaccionario que aquel de Aznar, de
retroceder más de 30 años y alejarse hacia atrás de Europa, de desposeer a las
mujeres de la libertad para decidir acerca de “lo” que hay dentro de su cuerpo.
Como dije al principio, me resulta bastante difícil adoptar
una posición nítida, rotunda, definitiva, en medio de visiones tan encontradas,
de argumentaciones tan irreconciliables (independientemente de su varia y desigual fundamentación), evitando
atacar los intereses y los derechos de los implicados en el acto del aborto, la
madre y el hijo. Voy a tratar de esquematizar las cuatro o cinco ideas a las
que hasta ahora suelo acudir para intentar situarme en tan espinoso territorio:

2. Para mí,
aunque de manera bastante provisional, constituirían casos claros la violación y
el embarazo de una mujer mentalmente disminuida; el daño grave para la madre,
de carácter físico; la malformación grave del niño, imposible de remediar antes
y después del nacimiento. Quiero aclarar un punto: deberían definirse con la
máxima claridad el segundo y tercer “supuestos”, de modo que no se conviertan
(como ha sucedido) en un coladero de amplio diámetro.
3. El aborto no es un derecho, sino una acción
médica que se realiza para preservar un bien mayor.
4. Las mujeres,
solo por el hecho de estar embarazadas, no adquieren la capacidad plena de
tomar decisiones sobre el no nacido. Aunque pueda parecer duro, soy de la
opinión de que, si una mujer no tuvo la madurez (voluntad, fortaleza, formación,
control de sí misma, etc.), antes de concebir, suficiente como para decir “no
ahora” o “no así” o “no contigo”, tampoco la tendrá al mes o dos meses para
decidir la eliminación del fruto germinado en su vientre como consecuencia de
ello. Si antes no pudo disponer sobre sí misma, ¿cómo va a poder disponer
después sobre la vida de otro con total garantía?
5. La mayoría de edad, que vale en nuestro país
y otros semejantes para permitir y prohibir tantas cosas, debería también regir
en el caso del aborto, como una condición indispensable para empezar a
considerar la posibilidad de practicarlo; así, en el caso de menores, se ha de
requerir el permiso paterno.
Sinceramente,
esto es lo que creo. Veremos cómo termina la propuesta esbozada por Gallardón.
De momento ha despertado la polémica y seguro que habrá movilizaciones. Cosa
normal, ya que se trata de uno de los puntos calientes de controversia política
y ética, y el posicionamiento respecto a él aparece como uno de los signos más
ostensibles y fuertes de la ideología que cada uno posee y/o quiere exhibir. Lo
único que pido es sosiego y honradez en el debate, que ya ha comenzado y que
desembocará en una norma escrita.